Ansó, una de las villas más bella del pirineo, la describe con perfeción y exactitud Jorge Puyó en un fragmento de su libro "ANSO Y SUS MONTES", publicado en 1.948.

BREVE SEMBLANZA ANSOTANA

    A 834 metros de altura sobre el nivel del mar, y en el ángulo formado por los límites de Navarra y Francia, en el Pirineo aragonés, se halla la villa de Ansó. Su población civil ha descendido bastante en estos dos últimos decenios, debido a la insucesión familiar de gran número de casas solariegas, hoy cerradas. Cuenta, pues, en la actualidad nada más que con unos 1.500 habitantes aproximadamente. Ansó, su origen como término municipal, ya referido en otro lugar de este librito, se remonta al año 1272; concesión otorgada por el Rey Jaime I de Aragón y confirmada por ocho Reyes más, entre los que figura D. Fernando el Católico. Su extensión es enorme: unos 40 kilómetros lo surcan de Norte a Sur, y otros tantos o más, y siempre asomándonos a Francia, desde la Meseta de los tres Reyes límite de Navarra, hasta los proximidades de Candanchú; bosques y terreno pastizal casi todo, del que se aprovecha 43.000 cabezas de ganado lanar, alrededor de 2.000 cabríos, 500 caballares, y unos 1.000 vacunos. Su riqueza principal, pues, y casi única, es esa: ganadería y masa forestal. Al amparo de eso, lleva fama este pueblo de rico y no lo es, aunque podría serlo. Como Municipio, pues, no tiene nada de eso, aunque parezca algo paradójico. Lo único que tiene de bueno es que, a pesar de estar lejos de las urbes, no tiene ningún analfabeto. Claro que tiene un Grupo Escolar, ya medio anciano, del que fue alma D. Manuel de la Ríva, donde dan enseñanza tres maestros y dos maestras. A esto, hoy como ayer, se debe todo. Su forma de vida es algo rutinaria, empírica: y por lo innato, o por la falta de espíritu emprendedor, y aunque alguien, como Balmes, recomendara que no conviene ir por camino trillado, no sabe salir del trazado por sus venerables viejos: pastores y siempre pastores. En la vida social, su temperamento particular no le permite enseñarse de momento. Tiene algo de espíritu observador y cuando ve llegada la hora, se acerca o se asoma, pero no para ofrecer lo que no siente, sino para darlo sin reservas, con lo franqueza baturra de que está caracterizado. Este es Ansó: algo hosco y retraído hasta conocer, pero franco y acogedor después.

Jorge Puyó

Quesería Artesanal de Ansó S.L. - La empresa que intenta recuperar el tradicional queso de Ansó - "Queso de Ansó" es una marca registrada